El viento soplaba con una intensidad fluctuante, enfriando mis sienes, y moviéndome el pelo.
Cerré los ojos momentaneamente para disfrutar del aire fresco, y relajarme un segundo.
En ese instante, cayo la primera gota de una secuencia de muchas más.
Decidí que ese segundo inicial se convirtiese en un minuto.
Cuando abrí los ojos, estaba mucho mejor.
Estaba más tranquilo, era más yo.
Y no había pasado nada.
Casualmente.
La búsqueda de Tanelorn es un camino. El destino es en sí el mismo el camino. Que, dicen, es donde se encuentra Tanelorn. Espero encontrarme con compañeros que me guíen, me enseñen, me asombren, me acompañen...
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2015/03/06
2015/02/11
LA PRADERA
Apoyado en la pared.
Escondido entre dos contenedores de basura.
A cobijo por un momento.
Pensando si debía actuar o permanecer escondido.
Un recodo de la memoria lo llevó al pasado.
Aquellos días de juventud en la pradera.
Apenas vestido, en pantalon corto y sin camiseta.
Aliviado por el calor estival, impulsado por el licor.
Feliz, rodeado de jóvenes sin sujetador.
Disfrutando de los inmensos placeres de la vida.
Paseando entre parejas acarameladas, sin apenas obligaciones.
La música resonando por todas partes, invadiéndolo todo como si fuese aire.
Las carcajadas dominando una situación llena de sonrisas amables y generosas.
Sin tener que controlar todo lo que decía y hacía. Siendo él mismo.
Aprovechando todo lo que la vida le ofrecía con todos los sentidos.
Cantando, bailando, sintiendo el aire en su piel, dejándose llevar por los elixires de la vida.
Perdiendo la noción del tiempo en un mar de placeres.
Finalmente volvió a la realidad, al momento presente.
Cogió el arma con ambas manos, con absoluta seguridad.
Se asomó por el lateral del contenedor, dejando ver su cabeza.
Apunto, y decidió unirse al sangriento festival de disparos.
Había acabado el momento de esconderse, reflexionar, y esperar.
Se dijo: a veces hay que luchar por lo que te importa.
Escondido entre dos contenedores de basura.
A cobijo por un momento.
Pensando si debía actuar o permanecer escondido.
Un recodo de la memoria lo llevó al pasado.
Aquellos días de juventud en la pradera.
Apenas vestido, en pantalon corto y sin camiseta.
Aliviado por el calor estival, impulsado por el licor.
Feliz, rodeado de jóvenes sin sujetador.
Disfrutando de los inmensos placeres de la vida.
Paseando entre parejas acarameladas, sin apenas obligaciones.
La música resonando por todas partes, invadiéndolo todo como si fuese aire.
Las carcajadas dominando una situación llena de sonrisas amables y generosas.
Sin tener que controlar todo lo que decía y hacía. Siendo él mismo.
Aprovechando todo lo que la vida le ofrecía con todos los sentidos.
Cantando, bailando, sintiendo el aire en su piel, dejándose llevar por los elixires de la vida.
Perdiendo la noción del tiempo en un mar de placeres.
Finalmente volvió a la realidad, al momento presente.
Cogió el arma con ambas manos, con absoluta seguridad.
Se asomó por el lateral del contenedor, dejando ver su cabeza.
Apunto, y decidió unirse al sangriento festival de disparos.
Había acabado el momento de esconderse, reflexionar, y esperar.
Se dijo: a veces hay que luchar por lo que te importa.
2015/02/10
UNA VUELTA EN COCHE
El día aún estaba pensando en encender la luz.
Las farolas todavía durarían casi media hora más.
No había nadie en la calle, la ciudad parecía desierta.
El único rastro de vida eran las grandes humaredas.
La bruma cubría con intensidad los alrededores de la ribera.
El entorno era confuso, y a esa distancia empezaba a oírse el agua.
Su vehículo avanzaba muy lentamente, quizá demasiado para él.
El olor a café todavía persistía, aunque los vasos estaban ya vacíos.
Su conductor le ofreció un cigarrillo, y mirando al frente, se encendió otro.
La luz comenzó a notarse, a lo lejos, como un anuncio del amanecer.
¡Por fin vida!, un gato tardío cruzó la calle a suficiente distancia de ellos.
A veces echaba de menos los pájaros, antes solían cantar a esas horas.
Ya nunca había conversación en el coche, ya se lo habían contado todo.
Si no miraba el reloj, parecía que siempre era el mismo monótono minuto.
Subitamente llegó el ruido.
Los cristales lo llenaron todo.
Se giró tan solo lo suficiente.
Cubrió la cara a tiempo.
De medio lado, abrió un ojo.
La sangre cubría el otro rostro.
En su visión una punzada.
El coche avanzaba sin control.
Eran segundos antes del choque.
Su cuerpo decidió saltar al asfalto.
La mente todavia estaba bloqueada.
Cuando se dio cuenta estaba corriendo.
Y de fondo sonaban más disparos...
Las farolas todavía durarían casi media hora más.
No había nadie en la calle, la ciudad parecía desierta.
El único rastro de vida eran las grandes humaredas.
La bruma cubría con intensidad los alrededores de la ribera.
El entorno era confuso, y a esa distancia empezaba a oírse el agua.
Su vehículo avanzaba muy lentamente, quizá demasiado para él.
El olor a café todavía persistía, aunque los vasos estaban ya vacíos.
Su conductor le ofreció un cigarrillo, y mirando al frente, se encendió otro.
La luz comenzó a notarse, a lo lejos, como un anuncio del amanecer.
¡Por fin vida!, un gato tardío cruzó la calle a suficiente distancia de ellos.
A veces echaba de menos los pájaros, antes solían cantar a esas horas.
Ya nunca había conversación en el coche, ya se lo habían contado todo.
Si no miraba el reloj, parecía que siempre era el mismo monótono minuto.
Subitamente llegó el ruido.
Los cristales lo llenaron todo.
Se giró tan solo lo suficiente.
Cubrió la cara a tiempo.
De medio lado, abrió un ojo.
La sangre cubría el otro rostro.
En su visión una punzada.
El coche avanzaba sin control.
Eran segundos antes del choque.
Su cuerpo decidió saltar al asfalto.
La mente todavia estaba bloqueada.
Cuando se dio cuenta estaba corriendo.
Y de fondo sonaban más disparos...
2015/01/23
EL DESPERTAR DEL CABALLERO
El sueño pesaba todavía en sus ojos.
Con cuidado, se quito las legañas.
Se miró al espejo, y casi se atravesó con la mirada.
No sabía exactamente qué era lo que le esperaba.
Poco a poco, fue ejecutando su ritual.
Como hacía cada mañana.
Despertándose lentamente.
Preparándose para asumir la realidad.
Recordando lo que ya sabía.
Desempolvando el caracter necesario.
Dejó todo preparado.
Se giró y echó un vistazo alrededor.
Miró a los suyos con cariño.
Les dijo: "siempre os quiero y siempre vuelvo".
Vestía su mejor y más moderna armadura.
Las armas al cinto, esperando no usarlas.
La mirada alerta, como un depredador.
La conciencia del que sabe lo que es necesario.
Cuando salió por la puerta estaba listo.
La energia lo llenaba completamente.
Pero sutilmente intentaba resistirse a ello.
No obstante, sabía que era lo que había que hacer.
Cuando fuese necesario él estaría allí, y resolvería la situación.
Con cuidado, se quito las legañas.
Se miró al espejo, y casi se atravesó con la mirada.
No sabía exactamente qué era lo que le esperaba.
Poco a poco, fue ejecutando su ritual.
Como hacía cada mañana.
Despertándose lentamente.
Preparándose para asumir la realidad.
Recordando lo que ya sabía.
Desempolvando el caracter necesario.
Dejó todo preparado.
Se giró y echó un vistazo alrededor.
Miró a los suyos con cariño.
Les dijo: "siempre os quiero y siempre vuelvo".
Vestía su mejor y más moderna armadura.
Las armas al cinto, esperando no usarlas.
La mirada alerta, como un depredador.
La conciencia del que sabe lo que es necesario.
Cuando salió por la puerta estaba listo.
La energia lo llenaba completamente.
Pero sutilmente intentaba resistirse a ello.
No obstante, sabía que era lo que había que hacer.
Cuando fuese necesario él estaría allí, y resolvería la situación.
2014/12/24
EL SUEÑO
El cielo era neutro, como en un invierno nuclear.
El aire era denso, parecia estar lleno de ceniza.
El sonido era opaco, al igual que cuando escuchas a través de una pared.
Los objetos no tenían sombra, cual espectros etéreos venidos del pasado.
El jardín estaba marchito, y los arboles muertos permanecían en pie, testigos de la nada.
El edificio de hormigón no tenía ventanas, y el marco de su entrada no tenía puerta.
En el interior, las grietas de las paredes parecían formar extrañas estructuras de carácter incomprensible.
Casi sin darme cuenta, empecé a subir la escalera de caracol.
Sus escalones eran anchos al principio, casi demasiado.
Pero a medida que iba ascendiendo, se reducían progresivamente.
En un tiempo imposible de calcular, tuve que girarme de medio lado para poder pasar.
Cuando vislumbré el pasillo, y la luz que había al fondo del mismo, el paso era tan angosto que al salir mis sienes se rozaron con el umbral de entrada.
Con el hombro dislocado, y sin acabar de controlar el movimiento de mis piernas, me arrastré hacia la luz casi a gatas.
El pasillo parecía eterno.
A ambos lados había varias arcadas sin puerta.
A través de ellas pude observar escenas indescriptibles de sensualidad corrupta entre cuerpos decrépitos sin ojos.
Seguía avanzando, como si supiese que en la luz hallaría consuelo.
Sin embargo, me invadió la angustia y paré.
¿De donde venía esa luz?. El edificio no tenía ventanas. Lo había visto desde el exterior.
En ese mismo momento de reflexión, la luz empezó a aproximarse. Como si supiese que había descubierto su naturaleza sobrenatural.
Asustado, me cobije en una de las habitaciones laterales.
Al entrar los extraños personajes sin ojos empezaron a reirse de forma esperpéntica, llegando a la carcajada.
Sus cuerpos sudorosos y arrugados, llenos de fluidos que goteaban en el suelo, se retorcían compulsivamente al ritmo de la risa sorda que salía de sus gargantas.
Quería huir.
El aire era denso, parecia estar lleno de ceniza.
El sonido era opaco, al igual que cuando escuchas a través de una pared.
Los objetos no tenían sombra, cual espectros etéreos venidos del pasado.
El jardín estaba marchito, y los arboles muertos permanecían en pie, testigos de la nada.
El edificio de hormigón no tenía ventanas, y el marco de su entrada no tenía puerta.
En el interior, las grietas de las paredes parecían formar extrañas estructuras de carácter incomprensible.
Casi sin darme cuenta, empecé a subir la escalera de caracol.
Sus escalones eran anchos al principio, casi demasiado.
Pero a medida que iba ascendiendo, se reducían progresivamente.
En un tiempo imposible de calcular, tuve que girarme de medio lado para poder pasar.
Cuando vislumbré el pasillo, y la luz que había al fondo del mismo, el paso era tan angosto que al salir mis sienes se rozaron con el umbral de entrada.
Con el hombro dislocado, y sin acabar de controlar el movimiento de mis piernas, me arrastré hacia la luz casi a gatas.
El pasillo parecía eterno.
A ambos lados había varias arcadas sin puerta.
A través de ellas pude observar escenas indescriptibles de sensualidad corrupta entre cuerpos decrépitos sin ojos.
Seguía avanzando, como si supiese que en la luz hallaría consuelo.
Sin embargo, me invadió la angustia y paré.
¿De donde venía esa luz?. El edificio no tenía ventanas. Lo había visto desde el exterior.
En ese mismo momento de reflexión, la luz empezó a aproximarse. Como si supiese que había descubierto su naturaleza sobrenatural.
Asustado, me cobije en una de las habitaciones laterales.
Al entrar los extraños personajes sin ojos empezaron a reirse de forma esperpéntica, llegando a la carcajada.
Sus cuerpos sudorosos y arrugados, llenos de fluidos que goteaban en el suelo, se retorcían compulsivamente al ritmo de la risa sorda que salía de sus gargantas.
Quería huir.
Palpando la pared descubrí un respiradero oxidado.
Intente arrancar la rejilla con los dedos, cortándome las yemas, viendo como el naranja se desprendía del metal y se mezclaba con mi sangre de una forma casi perfecta.
Entonces se hizo el silencio absoluto.
Estaba a contraluz, sin casi poder ver nada más que mi silueta recortada en la pared llena de grietas.
Cerré los ojos, que estaban muy secos, y respire profundamente el aire viciado.
Por un momento conseguí tranquilizarme.
Me volví etereo, informe, liviano.
El respiradero me absorbió y me llevó hasta un prado, muy verde, bajo un cielo lleno de hermosas nubes esponjosas de tonos violeta. La hierba se mecía con el viento limpio, que movía el aire puro. Los arboles, llenos de vida, entrechocaban sus ramas. A lo lejos se podía oír el fluir del agua de un arrollo. Y yo era un niño que sonreía y disfrutaba del entorno, en perfecta sintonía con los seres que vivían allí.
Intente arrancar la rejilla con los dedos, cortándome las yemas, viendo como el naranja se desprendía del metal y se mezclaba con mi sangre de una forma casi perfecta.
Entonces se hizo el silencio absoluto.
Estaba a contraluz, sin casi poder ver nada más que mi silueta recortada en la pared llena de grietas.
Cerré los ojos, que estaban muy secos, y respire profundamente el aire viciado.
Por un momento conseguí tranquilizarme.
Me volví etereo, informe, liviano.
El respiradero me absorbió y me llevó hasta un prado, muy verde, bajo un cielo lleno de hermosas nubes esponjosas de tonos violeta. La hierba se mecía con el viento limpio, que movía el aire puro. Los arboles, llenos de vida, entrechocaban sus ramas. A lo lejos se podía oír el fluir del agua de un arrollo. Y yo era un niño que sonreía y disfrutaba del entorno, en perfecta sintonía con los seres que vivían allí.
2014/12/21
CIELO GRIS
Un pájaro pasó volando aquella mañana.
Sin querer, él lo vio a través de la ventana.
Los recuerdos se arremolinaban en su cabeza.
Provocando en su interior una tremenda pereza.
El sueño de la tristeza acaparó todo su corazón.
Mientras el hambre de felicidad dirigía su razón.
La angustia se disolvió al desaparecer el motivo.
La opresión se marchó mientras aun seguía vivo.
Quizás solo era lo gris que estaba el cielo en su mente.
2014/12/15
EL PUNTO SIN RETORNO
Ante sus ojos se exhibía un extraño paisaje en todo su esplendor.
Sabía que bajo tan rica frondosidad se escondían animales salvajes y peligrosos.
Era conocido que tan bella floración era venenosa, y los frutos tenían mal sabor.
Sin embargo, no podía evitar el asombro que le producían aquellos arboles tan hermosos.
Podía ver algo precioso en aquel conjunto envenenado, y le seducía su olor.
Le surgía la duda al ver el gran cañón que se abría entre él y el otro lado.
Su corazón se alteraba al ver que ante sus ojos había un gran abismo.
El problema no era saltar hasta su destino sin caerse y morir allí mismo.
Lo que le preocupaba era no poder volver atrás una vez lo hubiese alcanzado.
El firme lo parecía, pero no lo era tanto.
Ante sus pasos, las rocas se habrían precipitado.
Era la decisión de un único salto.
Así, que se sentó, cogió la jodida tablet, dibujó un puto plano, fue por herramientas, cortó unas cuantas ramas, y se fabricó un maldito puente con el que poder hacer el camino de ida y vuelta todas las veces que le saliese de la polla. No sea que no le gustase vivir entre serpientes y flores venenosas, vete tú a saber porqué.
Sabía que bajo tan rica frondosidad se escondían animales salvajes y peligrosos.
Era conocido que tan bella floración era venenosa, y los frutos tenían mal sabor.
Sin embargo, no podía evitar el asombro que le producían aquellos arboles tan hermosos.
Podía ver algo precioso en aquel conjunto envenenado, y le seducía su olor.
Le surgía la duda al ver el gran cañón que se abría entre él y el otro lado.
Su corazón se alteraba al ver que ante sus ojos había un gran abismo.
El problema no era saltar hasta su destino sin caerse y morir allí mismo.
Lo que le preocupaba era no poder volver atrás una vez lo hubiese alcanzado.
El firme lo parecía, pero no lo era tanto.
Ante sus pasos, las rocas se habrían precipitado.
Era la decisión de un único salto.
Así, que se sentó, cogió la jodida tablet, dibujó un puto plano, fue por herramientas, cortó unas cuantas ramas, y se fabricó un maldito puente con el que poder hacer el camino de ida y vuelta todas las veces que le saliese de la polla. No sea que no le gustase vivir entre serpientes y flores venenosas, vete tú a saber porqué.
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2014/12/10
DEVENIR SOMBRIO, en cuatro pasos
El cielo era gris.
Pero el cruel viento quebró su cuerpo afectado por la humedad.
Anciano y achacoso se sentó a descansar.
Mirando hacia el interior de su casa, a pesar de tener la ventana cerca.
Recordó su día a día más habitual, y por un momento pensó que todo iba bien.
Entrecerró un poco los ojos, como saboreando la situación, y entonces se apagaron.
La oscuridad de la caverna era profunda y oscura.
Parecía la garganta eterna y sin fin de la madre tierra.
Daba miedo la posibilidad de ser devorado al entrar en su interior.
Pero fuera estaba anocheciendo, y tendría que buscar cobijo pronto.
También lo era el suelo.
Su cuerpo estaba oscurecido.
Pero su rostro todavía se iluminaba.
Era lejano el tiempo en que le habían crecido brotes.
Las hojas habían terminado de caer, una a una, dejándolo desnudo.
Habría querido que en su esqueleto de ramas anidasen futuras generaciones.Pero el cruel viento quebró su cuerpo afectado por la humedad.
Anciano y achacoso se sentó a descansar.
Mirando hacia el interior de su casa, a pesar de tener la ventana cerca.
Recordó su día a día más habitual, y por un momento pensó que todo iba bien.
Entrecerró un poco los ojos, como saboreando la situación, y entonces se apagaron.
La oscuridad de la caverna era profunda y oscura.
Parecía la garganta eterna y sin fin de la madre tierra.
Daba miedo la posibilidad de ser devorado al entrar en su interior.
Pero fuera estaba anocheciendo, y tendría que buscar cobijo pronto.
2014/11/18
LA TELARAÑA
La telaraña era enorme. Tanto que cubría la parte alta de la ciudad.
Los edificios se elevaban inertes, sin luz, aparentemente vacíos.
En lo alto, casi cuando uno perdía la vista, la enorme red estaba en todas partes.
Hacia tiempo que no se veía el cielo, era como un techo omnipresente.
La sensación de que se estaba en una cueva era inevitable.
A veces, uno podía llegar a pensar que alejándose hacía la periferia la situación terminaría.
Pero el refugio estaba en el centro, el sustento estaba en el mismo meollo de la cuestión.
Era difícil llegar a las afueras sin perder el norte, manteniendo la cordura.
Cuando se pensaba que allí se estaba bien, en cuanto uno se acostumbraba al escenario, entonces surgían las sombras y los ruidos.
Desde lo alto llegaban las repercusiones distorsionadas de los movimientos que allí acontecían.
Y eso lo cambiaba todo, daba que pensar, hacía que cualquiera se replantease el sentido de aquello.
La locura estaba presente en todas partes, pero sobre todo en su interior.
Era algo que calaba hondo, que llegaba hasta lo más profundo del alma para quedarse allí instalado.
De vez en cuando, la catarsis llegaba: reía, corría, bailaba, soñaba, se creía el rey de las ratas...
Otras veces intentaba ser una sombra, deslizándose entre los restos de aquella gran ruina, pasando desapercibido, creyendo que conseguía lo que pretendía.
En realidad, daba igual, la telaraña estaba demasiado alta como para que importase lo que se hiciese allí abajo. Era una influencia constate, pero lejana.
Los edificios se elevaban inertes, sin luz, aparentemente vacíos.
En lo alto, casi cuando uno perdía la vista, la enorme red estaba en todas partes.
Hacia tiempo que no se veía el cielo, era como un techo omnipresente.
La sensación de que se estaba en una cueva era inevitable.
A veces, uno podía llegar a pensar que alejándose hacía la periferia la situación terminaría.
Pero el refugio estaba en el centro, el sustento estaba en el mismo meollo de la cuestión.
Era difícil llegar a las afueras sin perder el norte, manteniendo la cordura.
Cuando se pensaba que allí se estaba bien, en cuanto uno se acostumbraba al escenario, entonces surgían las sombras y los ruidos.
Desde lo alto llegaban las repercusiones distorsionadas de los movimientos que allí acontecían.
Y eso lo cambiaba todo, daba que pensar, hacía que cualquiera se replantease el sentido de aquello.
La locura estaba presente en todas partes, pero sobre todo en su interior.
Era algo que calaba hondo, que llegaba hasta lo más profundo del alma para quedarse allí instalado.
De vez en cuando, la catarsis llegaba: reía, corría, bailaba, soñaba, se creía el rey de las ratas...
Otras veces intentaba ser una sombra, deslizándose entre los restos de aquella gran ruina, pasando desapercibido, creyendo que conseguía lo que pretendía.
En realidad, daba igual, la telaraña estaba demasiado alta como para que importase lo que se hiciese allí abajo. Era una influencia constate, pero lejana.
2014/11/11
EL LÍMITE
El limite estaba tan lejos que parecía inexistente.
Se ocultaba más allá del horizonte, donde nadie podía verlo.
Pero tú caminaste durante meses, avanzaste a lo largo de los años.
Buscando un sendero hacia el infinito, sin parada.
Corriendo entre los edificios, llamándolo a gritos en medio de los campos.
Apartando a la gente a empujones, mirando hacia la nada.
Siempre esperando la oportunidad de poder esquivar a la realidad que te perseguía.
Queriendo ser lo máximo que se pudiese ser.
Extrayendo el elixir, tentando al vacío.
Forzando la situación siempre a favor.
Con el viento en contra, pero aprovechando toda inercia.
Pudiendo escapar, pero evitando hacerlo a toda costa.
Creando una carrera sin final hacia el precipicio.
Pensando que cuando se acabase el suelo saldrías volando.
Confiando en los designios del destino.
Probando hasta donde podía llegar la situación.
Retorciendo los límites de la realidad.
Sin comprobar dónde estabas en ese momento.
Solo viendo donde ibas a llegar mañana.
Ese mañana que nunca llegaba, porque el destino final siempre estaba más allá.
Ahora jadeas dando tumbos.
Tu visión esta borrosa por el cansancio.
Y aunque te falta la respiración, y el corazón te va a cien, sigues tirando hacía delante como si no hubiese otra opción.
A veces, creíste que lo podías todo, cegado por los resplandores de la adrenalina.
Bañado por los placeres de la dopamina, pensaste que no había fracaso posible.
Sumido en un paraíso artificial, rodeado de fuego abrasador y ácido corrosivo.
Apretando los dientes y forzando el ritmo hasta alcanzar el tiempo de la victoria.
Viendo fantasmas producidos por tu mente, que te llevaron hasta el éxito.
Probando los sabores del amanecer hasta embriagarte de ellos.
Escuchando palabras envenenadas por las ansias ajenas.
Confiando en los testigos de la desdicha y la angustia.
Mirando con desdén los recodos del camino en los que habían caído otros dejando atrás sus cadáveres.
Pisando las cascaras rotas de tus otros yo, mientras el tiempo susurraba mentiras a tu oído.
Pensando que el sucio peso de la fatiga no haría mella en tu armadura.
Alguna vez, al bajar el ritmo por un momento, viste el campo de batalla cubierto por cuerpos quebrados. Y reconociste tu rostro en todos ellos.
A veces, las lágrimas corrieron por tu cara hasta saltar de tus mejillas y caer al suelo.
En alguna ocasión, esas lágrimas hicieron nacer brotes que se convirtieron en árboles.
Se ocultaba más allá del horizonte, donde nadie podía verlo.
Pero tú caminaste durante meses, avanzaste a lo largo de los años.
Buscando un sendero hacia el infinito, sin parada.
Corriendo entre los edificios, llamándolo a gritos en medio de los campos.
Apartando a la gente a empujones, mirando hacia la nada.
Siempre esperando la oportunidad de poder esquivar a la realidad que te perseguía.
Queriendo ser lo máximo que se pudiese ser.
Extrayendo el elixir, tentando al vacío.
Forzando la situación siempre a favor.
Con el viento en contra, pero aprovechando toda inercia.
Pudiendo escapar, pero evitando hacerlo a toda costa.
Creando una carrera sin final hacia el precipicio.
Pensando que cuando se acabase el suelo saldrías volando.
Confiando en los designios del destino.
Probando hasta donde podía llegar la situación.
Retorciendo los límites de la realidad.
Sin comprobar dónde estabas en ese momento.
Solo viendo donde ibas a llegar mañana.
Ese mañana que nunca llegaba, porque el destino final siempre estaba más allá.
Ahora jadeas dando tumbos.
Tu visión esta borrosa por el cansancio.
Y aunque te falta la respiración, y el corazón te va a cien, sigues tirando hacía delante como si no hubiese otra opción.
A veces, creíste que lo podías todo, cegado por los resplandores de la adrenalina.
Bañado por los placeres de la dopamina, pensaste que no había fracaso posible.
Sumido en un paraíso artificial, rodeado de fuego abrasador y ácido corrosivo.
Apretando los dientes y forzando el ritmo hasta alcanzar el tiempo de la victoria.
Viendo fantasmas producidos por tu mente, que te llevaron hasta el éxito.
Probando los sabores del amanecer hasta embriagarte de ellos.
Escuchando palabras envenenadas por las ansias ajenas.
Confiando en los testigos de la desdicha y la angustia.
Mirando con desdén los recodos del camino en los que habían caído otros dejando atrás sus cadáveres.
Pisando las cascaras rotas de tus otros yo, mientras el tiempo susurraba mentiras a tu oído.
Pensando que el sucio peso de la fatiga no haría mella en tu armadura.
Alguna vez, al bajar el ritmo por un momento, viste el campo de batalla cubierto por cuerpos quebrados. Y reconociste tu rostro en todos ellos.
A veces, las lágrimas corrieron por tu cara hasta saltar de tus mejillas y caer al suelo.
En alguna ocasión, esas lágrimas hicieron nacer brotes que se convirtieron en árboles.
2014/11/02
SE RASGÓ EL VELO
Se rasgó el velo,
no cayó el telón.
Las máscaras empezaron a quebrarse,
y los rostros que había bajo ellas eran horribles.
Los monstruos comenzaron a salir a la luz,
y sus ojos se contrajeron después de tanta oscuridad.
Ya no hacia falta continuar,
la función había acabado.
El publico pretendía aplaudir,
pero el asombro se lo impidió.
Costaba encontrar una cara amable entre los actores,
y no estaba la audiencia para hacer esfuerzos.
El cadaver no era ficticio,
y la sangre comenzó a brotar lo suficiente como para ser vista.
Nadie entendía nada,
pero no era necesario.
Los hechos eran casi los mismos,
aunque teñidos de cruel realidad.
Casi todos estaban quietos,
y miraban fijamente hacia el infinito.
El tiempo pareció prolongarse en un silencio brutal,
pero al final comenzó la terrible estampida mortal.
Gracias a Dios la recaudación había salido hacía ya rato del teatro.
no cayó el telón.
Las máscaras empezaron a quebrarse,
y los rostros que había bajo ellas eran horribles.
Los monstruos comenzaron a salir a la luz,
y sus ojos se contrajeron después de tanta oscuridad.
Ya no hacia falta continuar,
la función había acabado.
El publico pretendía aplaudir,
pero el asombro se lo impidió.
Costaba encontrar una cara amable entre los actores,
y no estaba la audiencia para hacer esfuerzos.
El cadaver no era ficticio,
y la sangre comenzó a brotar lo suficiente como para ser vista.
Nadie entendía nada,
pero no era necesario.
Los hechos eran casi los mismos,
aunque teñidos de cruel realidad.
Casi todos estaban quietos,
y miraban fijamente hacia el infinito.
El tiempo pareció prolongarse en un silencio brutal,
pero al final comenzó la terrible estampida mortal.
Gracias a Dios la recaudación había salido hacía ya rato del teatro.
2014/10/14
SOMBRA
Soy la sombra de un pájaro imponente y elegante.
Parece que vuelo, fluyendo, grácil.
Pero en realidad me arrastro por el suelo.
Notando cada rugosidad por todo mi cuerpo.
Me arrastro, pero no soy una serpiente.
Si esta nublado apenas se me ve.
Cuando me cruzo con otras sombras, desaparezco.
A veces quisiera bailar.
Otras dejarme llevar por el viento.
Y en alguna ocasión, atravesar la tierra con mi puño desnudo, desgarrandola.
Pero entonces no sería una sombra.
A veces salgo a la luz, y bailo... porque quiero.
2014/01/31
Toses y polvo en suspensión
* Esto sí
que era inesperado, toda una nueva galería ya excavada anteriormente. Eso suponía
muchísimo tiempo y dinero ahorrado. Solo tenía que convencer a los patronos de
que la excavación era propia y redirigir los fondos de la misma a la compra de
material para la maquinaria que había ideado. Sí, era un gran golpe de suerte,
la verdad, a los grandes hombres le sonríe
la fortuna, ¿no es así?
Empujó un poco la pared de piedra irregular, produciendo que una cascada de cascotes, levantando una niebla de polvo, que se introducía en ojos y narices por igual y sin ningún tipo de remilgo. La azulada luz se asomó, esquiva de manera que no le permitía ver el fondo.
Empujó un poco la pared de piedra irregular, produciendo que una cascada de cascotes, levantando una niebla de polvo, que se introducía en ojos y narices por igual y sin ningún tipo de remilgo. La azulada luz se asomó, esquiva de manera que no le permitía ver el fondo.
* Claramente
esta galería era grande, espaciosa podría incluso usar animales de carga para
llevar el material dentro, fortuna estaba con el de nuevo.
* Maryann
no estaba muy de acuerdo con haberse trasladado a la galería, pero gracias a
eso, todas las mañanas, él podía adelantar trabajo y descubrir maravillas como
estas. Todo mientras ella daba un paseo a caballo, fuera, y hablaba con los campesinos
y los mineros que descansaban.
Esta galería
parecía natural, no veía marcas de picos ni barrenas, como tampoco veía humedades.
Quizá hubiera sido un antiguo cauce fluvial bajo la montaña, pero ya no lo parecía.
* ¿Qué
era eso que había al fondo?
Pero la
fortuna es una dama esquiva que prefiere dejarse ver en compañía de muchos hombres,
no fuera a ser que alguien creyese que es
amante de alguno. Nunca dos noches en la misma compañía y siempre yéndose cuando
más se la espera y sobre todo cuando alguien confía en la mesa de juego.
2014/01/22
Esperar
Veinticinco
embers o cien si la cogían…, no estaba mal. Era un dinero justo. Un dinero por
hacer un “trabajito” que se iba a hacer igualmente; no era mala recompensa no…
Ahora
empezaba el proceso de esperar, hacer guardia, levantarse, dormir, esperar… la
eterna espera; no la aguantaba. Además hacía días que la primavera y el
invierno pugnaban por su tiempo y el invierno llevaba las de ganar; anteayer,
con el aguanieve, la mula se torció una pata al patinar con las piedras y
tuvieron que sacrificarla. No era bueno, además se podían haber sacado un
dinero por el viejo animal en algún sitio.
No le
gustaba desperdiciar el dinero, gastarlo sí, desperdiciarlo no. Con los treinta
o cuarenta embers que podían haber sacado por la mula hubiera dormido en un
techo varios días y con compañía incluso… Piel blanca aun sin quemar por el
salado viento que azotaba la región y sobre todo dulce olor a juventud; no
agrio, como carroña corrompida, al que acostumbraba.
- ¿Era
eso gente hablando? ¡Si lo es!- pensó mientras se levantaba para arrimarse a la
cornisa. La gente de las aldeas es muy ruidosa y tiende a hablar sin necesidad,
de hecho estos tenían pinta de ciudad, muy alegres y dicharacheros… demasiado,
casi le daban pena porque parecían mucha buena gente, hasta que empezó a
contarlos.
-“Haraganes,
hoy tenemos trabajo”, susurro, dándoles un pequeño puntapié a sus compañero
mientras apurando el pellejo antes que sus compañeros dieran cuenta de él.
(...)
-Son
demasiados- pensó, habrá que organizarlo bien, no puede fallar nada.
-Vosotros
dos por los flancos y yo intentaré colarme por la chiquilla- señalando con el
dedo por donde cada uno iría.
-Claro,
¡tú quieres la chiquilla para ti solo! - barboto Bronco
-Silencio-
reconvino Gurb – ¡Habláis más que mi mujer!-
-¿Cuál
de ellas?- tercio Bronco con un ligero fruncimiento de la boca que podría interpretarse
como una sonrisa en un día amable.
-Vamos
es el momento- indicó.
(Se
hizo el silencio) mientras empezaban a desplazarse por separado…
2014/01/19
Visita al puerto
La lluvia caía
sobre el puerto; el olor a sal traído por el viento empujaba también el de
tripas de pescado a lo largo de la empedrada calle; mientras las pequeñas
agujas de lluvia caían sobre el empedrado de la vía principal, convirtiéndolo
en un rio de límpida plata, de esa plata antigua, pulida, con esas oscuras marcas que
intentaron hacer desaparecer generaciones de manos y que siguen ahí inmutables,
perennes al cambio. Como las calles y vías de esta pequeña ciudad. O al menos
eso creía siempre que venía.
Esta vez sus
intenciones eran completamente diferentes, no venía con la intención de visitar
esas posadas del puerto dónde el fuego caliente empujaba lo que bajaba por la
garganta seca, hasta el estómago resentido. Dónde era fácil obtener compañía que juraba
darle calor pero que siempre le había dejado con las entrañas heladas y pesada
el alma.
No, esta vez no,
esta vez no podría hacer nada de eso. Llevaba noches en que el estómago le decía
que no quería alimento porque era su corazón el que lo necesitaba. Llevaba diez
días sin verla. Sin cabalgar junto a ella, sin ver su sonrisa tímida ni asomarse a sus ojos.
-Maldita sea- pensó,
¿por qué ha de ser tan difícil? ¿Por qué no podía ser una campesina cualquiera?
Tenía que ser la hija, la amada, la
única, la excepcional…
Era todo eso, lo era; por lo menos él lo compartía con su padre, pero… parecía no entender que
alguien más pudiese darse cuenta de todo eso o quizá no y por eso... por eso...
-Maldita sea…-
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